miércoles, 29 de enero de 2014

De regreso a los pensamientos

La tarde está agridulce.

Los rayos de sol jugando al escondite con aquellos nubarrones negros que se acercan y esa brisa del norte hacen que el atardecer se vuelva empalagoso, pesado, cargante y un poco insoportable, como mis pensamientos que luchan para volver al pasado.

Sentado junto al vibrante cañaveral, al lado del regato de frías aguas y escaso cauce me dejo llevar por el ruido del agua y la melodía de las cañas al tocarse unas con otras.

En el fondo no quiero luchar contra ello. En cierto modo necesito desempolvar aquellos libros de aventuras de mi juventud y zambullirme en ellos como lo hacía en aquellos recreos a media mañana o en mitad de la merendilla de la tarde junto a aquel bocadillo de chocolate, luchando como un pirata en los mares del sur o pescando en la barca de aquel viejo en el mar.

Sacar de las polvorientas cajas de cartón, aquellas que están al fondo de la buhardilla, mi vieja colección de discos que llenaron de música las noches de verano o aquellos otros que escuchaba a solas cuando necesitaba recuperar el espíritu abatido.

Despertar fantasmas del pasado, amores olvidados de la juventud, besos robados en aquel callejón a oscuras, intsensatos cigarrillos de osados críos que jugaban a ser mayores, en las mañanas de domingo al salir de misa, amistades abandonadas en el camino y aquellas viejas cosas que el tiempo fue desparramando por mi vida.

Es solo cuestión de sentirse vivo, de moverse como las nubes que se desplazan a gran velocidad por el grisáceo cielo, empujadas por el viento despacible de esta tarde otoñal, y que iban apareciendo unas tras otras, entre los árboles del camino, como si quisieran llegar antes que las otras a algún sitio.

Quería regresar, pero entonces moriría engullido por los pensamientos del pasado. Debía viajar pero no al pasado sino en el presente. Vivir ahora, aquí, luchando contra esos pensamientos que me querían llevar de vuelta a ningún sitio.

El ocaso está agridulce y los nubarrones grises descargan el agua que empapan mis pensamientos y los arrastra rio abajo, perdiéndose allá donde se mezclan los sentimientos...