Ayer, a través de la lumbrera de mi sobrado, mientras le quitaba el polvo a ese libro que hace tiempo empecé a leer y cuyas últimas palabras aún flotaban entre los recuerdos de mi mente, llegó a mi como un susurro, un cuchicheo en forma de conversación y que a pesar de llegar desde lejos, eran mensajes claros y nítidos.
Era una conversación entretenida, nada de divagar, con palabras sobrias llenas de verdad. Coloquio afable que perfectamanente entendí. Lenguaje sin adornos, palabras directas. Supuse, más bien, dí por hecho que los conversadores sabían perfectamente qué había tras aquella conversación y que el prójimo estaba entendiendo perfectamente lo que el otro decía.
Escuchar atento, los ojos en los ojos y los oidos fuera del mundo, centrándose en las palabras que salían de la boca del otro. No eran ruidos, eran palabras bien definidas, claras, concisas que sabían que eran atendidas y las que no se perderían o mezclarían entre los ruidos que rodeaban a aquellas dos personas.
Es como si estuvieran solas en el mundo, sin nadie más. Eran el centro del Universo, como dos estrellas brillando en el cielo en medio del silencio, sólo roto por el eco de sus palabras.
Sonidos que percutían el cerebro para ser asimiladas, tras la conversación lenta y diáfana de aquellos dos.
Decidí levantarme y asomarme al ventanuco sobre mi tejado y empecé a mirar a un lado y a otro intentándo descubrir cúal sería el origen de aquellas palabras, aquel susurro que llegaba hasta mi mente. De pronto, sin saber cómo, mi mirada se paró alla donde se cruzan los caminos, sí, allí donde se unen con el horizonte y los campos que verdean por este tiempo. En esa encrucijada, movidos por el viento del recién llegado estío, dos árboles movían sus ramas sirviendo la brisa como interlocutor del sonido que producían y que el cantar de los gorriones convertían en palabras. Allí estaba la fuente de la conversación que a mi llegaba.
Dos árboles iguales, pero diferentes. Uno de ellos era robusto, de ramas fuertes y grandes que soportaban el pasar de los años por ellas. No era viejo, pero sí maduro. Las raices, a su alrededor, levantando el terreno, me descubrían que estaba bien anclado al suelo, que se enredarían en el mundo con fuerza y solidez. Un árbol que había oído todas las conversaciones del mundo, pero que aún le quedaban muchas por escuchar. Sabía de la vida, aunque le quedaba mucho por aprender.
El otro árbol, era más pequeño, sus ramas, aún jóvenes ya iban teniendo la solidez de una mente clara y con las ideas dirigidas hacía donde el sol se iba ocultando, marcando el terreno con la sombra, como si fuera caminando con pasos fuertes y decididos. Sus raices, todavía novatas ya estaban bien ancladas, posibilitando a aquel árbol poderse mover para descubrir el mundo que se abría ante él, con la seguridad de que ya no caería.
El débil viento movía sus ramas y en las palabras que producía al pasar entre ellas, se unían las palabras de la madurez, con la ilusión de saber que aún podía aprender del otro árbol, aunque fuera más joven, con las palabras de la adolescencia, llenas de ilusión y a sabiendas que podría aprender también de aquel árbol mucho más maduro y robusto.
Mismas palabras, dichas de manera diferente. Cada uno a su manera, cada uno aprendiendo de las otras, cada una escuchadas con el mismo afán, entregándose a la conversación con el mismo ánimo. Dos árboles diferentes, pero iguales. Un tronco fuerte el del uno y más débil el del otro, pero también robusto. Ramas movidas por el viento. Hojas que caerán y volverán a nacer estación tras estación.
Árboles que crecerán, como personas que se miran a los ojos, sabiendo que pasan los años, pero que hay tanto aún que aprender.
Dedicado a Manu.
Me ha gustado tanto que has conseguido emocionarme al descubrir que no solo tiene de parecido el nombre, sino que comparte aficiones y pensamientos. GRACIAS!!!
ResponderEliminarLas gracias las doy yo. Quien menos piensas, hace aflorar en tí sentimientos que te hacen volver a algún lugar donde de verdad te sientes bien, y él lo ha hecho.
ResponderEliminarMuchas gracias y me alegro que os gustara.