Y allí estaba, a los pies de aquella montaña que se presentaba ante mí majestuosa, colosal, sublime, impresionante.
La vista no me alcanzaba a vislumbrar la cima, oculta por las etéreas nubes, pero me aseguré bien la mochila y me dispuse a emprender la ruta pendiente arriba.
El camino se presentaba lleno de obstáculos, complicado, terreno desgarrado y movedizo, lo que hacía que lo importante no fuera alcanzar la meta, si no andar el camino.
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