Desordenadas palabras que, sin sentido, sin lógica, le despertaban en mitad de la noche, aporreando sin piedad su mente y ya no le dejaban volver a conciliar el sueño.
Buscaba como entramarlas, como unirlas, como encontrar algo de entendimiento en aquellas letras que fluían como una corriente descontrolada, pero le era imposible. Luego, le perseguían durante días, en cualquier momento, en cualquier lugar, cuando menos lo esperaba.
Por cualquier medio tenía que encontrarle algún significado a todas aquellas palabras y buscar como unirlas para conseguir descifrar alguna lógica.
Al final, después de algún tiempo descubrió como hacerlo. Se sentaba frente al ordenador y deslizaba sus dedos por las teclas, dejándose llevar por el acompasado sonido de los botones al ser pulsados por sus dedos, descubriendo como, ante él, en la pantalla iban apareciendo una tras otras, formando historias, sueños, recuerdos con sentido, con lógica.
De esa manera, todo desaparecía de su cerebro hasta que de nuevo, nuevas palabras volvían a aparecer en sus pensamientos.
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