Es una mañana más, creo que aún es temprano para levantarse. Mis pies asomando por entre las sábanas, sienten el frio de la mañana, pero el sueño que queda aún en el frasco, a pesar de sentir el frío, consigue que se resistan a moverse. Quizás tenga ya que levantarme, abrir la ventana y dejar que el día entre en la estancia.
Recuerdos, pensamientos y sentimientos pesan en mi aura e impiden que me incorporé, será esa plomiza pesa de acero que forma el miedo, el temor a enfrentarse a la vida, a una nueva jornada llena de incertidumbre, inquietud ante lo desconocido. Me quedaré un rato más, se está bien y aún tengo tiempo. El mundo fuera ya ha empezado a funcionar con esas grandes ruedas dentadas que engranan unas con otras y consiguen mover la máquina de la vida, en unas ocasiones más lenta que otras, pero al fín y al cabo, moverse.
Yo sigo aquí, arropado por el calor que desprende mi cuerpo bajo las sábanas. Cada vez hay más luz en la alcoba y me cuesta cada vez más abrir los ojos. Rayos de luz llenos de recortes brillantes producidos por las rendijas de las persianas se mueven por la pared, recorriendo aquella silla en la que dejé la ropa casi colocada y los grises se van convirtiendo en colores que aún están naciendo.
Al final, me incorporo, saco mis pies frios que buscan en el suelo las zapatillas y como si de una marioneta se tratara, mi cuerpo se levanta sin yo querer. Me dirijo hacia la ventana, arrastrando mis pies como si dos pesas enormes llevara atadas a ellos y mis brazos consiguen, en primer lugar, levantar la persiana con lo que consigo, en un primer instante que mis ojos vuelvan a cerrarse, como si tuvieran miedo de enfrentarse a la vida, a la luz. Luego, a ciegas, rebusco, tanteando el pomo para abrir la ventana y sentir ese aire frio, esa brisa que transforma el olor de la estancia en fresco, nuevo, y sentir que el sol está ahí, que la vida comienza un día más y esos miedos, esos temores a vivir, se convierten en ilusión, en ganas de eso, de vivir la vida con la misma fuerza con la que el sol entró de nuevo en mi vida, en mi habitación,...
Muy bonito, Manu. No había entrado antes en tu blog, pero me gusta.
ResponderEliminarGracias Arual,... ya sabes, siempre que quieras sube a mi tejado,...
ResponderEliminarMANU,no eres "manco",precisamente.Escribes bien y te preocupas por hacerlo.Me gusta la gente que trata el lenguaje con delicadeza,con sutilidad;que se preocupa por escribir correctamente,y en tu caso,con gusto.
ResponderEliminarSigue así,algunos te lo agradecemos.
Enhorabuena.Un saludo,compañero.
Gracias, Sargatanas, sólo dejo que se exprese lo que hay en mi interior. Gracias a Dios, tuve una buena educación y aprendí lo que era correcto y lo que no. De todas maneras, y aunque tengo la premisa de que nadie es más ni menos que nadie, siento cierta envidia, siempre sana, cuando leo a gente, por ejemplo tú, que escriben mucho mejor que yo.
ResponderEliminarSólo, como te digo, expreso lo que hay en mi interior y le doy un montón de vueltas hasta que lo veo correctamente escrito y con sentido para quien lo lea. Gracias, una vez más,...
Pues tiene mucho sentido lo que escribes.No le des tantas vueltas.
ResponderEliminarYo no escribo mejor que tú,sólo diferente.
Ánimo...y sigue escribiendo.
Buenas noches.