viernes, 19 de noviembre de 2010

Bienvenida

Siempre quise tener un blog, mi blog. Muchas veces me puse a hacerlo, pero me faltaba algo; quizás un buen título, algo que me inspirara que vosotros, mis amigos o cualquiera, se sintiera atraido para leer y escribir en él. Al fin y al cabo, esto sirve para ello, para que la gente exprese lo que hay en su interior y compartirlo con otros, pero también debe ser un sitio donde uno se sienta cómodo.
Hoy por fín me decidí a crearlo y puedo deciros que ya tengo un blog, una cajita en el espacio virtual de la tela de araña más grande del mundo, donde compartiré con todos vosotros mis pensamientos, mis sentimientos, algunas imágenes y todo aquello que encuentre, que crea que pueda ser interesante.
¿Por qué este título?, quizás porque en ciertos momentos de mi vida haya deseado o haya pensado que me encontraba sentado en un tejado, aislado de todos y de todo pero formando parte de ese todo que es el mundo. Es como querer no estar sin haberte ido.
Salir por el ventanuco del desván y sentirte inmenso en las alturas y al mismo tiempo tan diminuto comparado con lo que se extiende ante tu vista. Tejados, casas, azoteas con sábanas al sol, ventanas y sobre todo ello el cielo.
Ventanas cerradas, ocultando sus más recónditos secretos; otras abiertas, escupiendo al mundo lo que no queremos, enseñando al mundo lo que queremos que vean. Luces encendidas de flexos de estudiantes, visillos que ocultan el cuerpo semidesnudo de una mujer.
Y yo mirando desde mi tejado.
Siento el frio de las tejas, llenas de musgo, con sus ondulaciones, que a veces resultan incómodas, pero que otras piensas que es el lugar más cómodo donde una persona puede estar en compañia de sus sentimientos, de esos pensamientos, de algunos recuerdos y de algunos sueños.
Si te apetece, puedes sentarte, junto a mi, en mi tejado,... 

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