Desde mi tejado, hoy me fijé en las personas, gente que deambula por el mundo, gente con sus miedos, con sus inquietudes. Temores por lo desconocido, o también por lo conocido. Con sus defectos, sus complejos escondidos o que tratan de esconder. Nos conocen o no nos conocen. Siempre la gente ve más allá de lo que creen que vemos.
Complejos, dudas, miedos, defectos. Al fin y al cabo somos máquinas. Máquinas imperfectas, con defectos de fabricación o malfuncionamientos creados por nosotros mismos por el desgaste de la vida, por el roce del ir y venir por nuestros caminos. Roces que desgastan nuestra máquinaria y que, con el paso de los años, hacen que nuestros rodamientos cogan holgura y los engranajes a veces se queden atascados.
Ideas y memorias que no encajan y que se convierten en defectos y complejos que nos hacen aún más complejos hacia los demás; al fin y al cabo somos máquinas,...
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