sábado, 2 de febrero de 2013

CortoCuento.6

Aquel silencio no era silencio en sí, estaba lleno de una mezcla de sonidos muy agradables. El sonido de mis pasos sobre la hojarasca y las ramas secas, el graznido de un cuervo a lo lejos, el piar de los polluelos en el nido de la copa de un árbol cercano, reclamando la comida a su madre. Mi paseo por aquella arboleda me separaba del mundo, para encontrarme con ella, con una vieja amiga, la Soledad.

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